La Rutina es un esqueleto fòsil cuysa piezas resisten a la carcoma de los siglos. No es hija de las experiencias, es su caricatura. La una es fecunda y engendra verdades: estéril la otra y las mata.Acostumbados a copiar escrupulosamente...
El amor no es una emoción. Primero se nos enseña social y erróneamente que las emociones se encuentran en el corazón y el día de San Valentín atestiguamos en cada esquina un espectáculo de corazones: globos, chocolates, arreglos florales, tarjetas, todo con forma de corazón. Mientras tanto el hipotálamo sufre a solas que nadie reconozca sus funciones. Después se nos enseña que ciertas reacciones fisiológicas engloban la experiencia amorosa, pero son sólo reflejos hacia un estímulo agradable. Si estuviéramos presenciando la ejecución del “ser amado”, nuestras reacciones fisiológicas no responderían ante ese ser, sino ante la experiencia de desagrado del acto homicida. El enamoramiento no es más que la exacerbación de ciertas reacciones fisiológicas ante un estímulo que discriminamos como más agradable que otros. Y la emoción con que se define apropiadamente a este conjunto de reacciones fisiológicas es la alegría.
Ya descartamos que el amor sea una emoción y tenga existencia per se. Entonces, ¿cómo podemos definir el amor? Si es que es, ¿qué es? Acepto el reto de contestar esta pregunta no sin antes reconocer que es tarea ardua y que las probabilidades de que el lector coincida totalmente con mi postura podrían no ser muy favorables. Con miras a esto me permito citar a Osho quien argumentaba que “El amor es una experiencia. Se ha de experimentar, como el sabor.